Si has hecho cualquier formación de marketing en los últimos diez años, te han dicho lo mismo en todas: prueba. Prueba el titular. Prueba el botón. Prueba el color, el asunto del email, la foto de la página. No te fíes de tu opinión: monta dos versiones, manda la mitad del tráfico a cada una, y deja que los datos decidan.
Se llama test A/B, y es lo más parecido a un método científico que tiene este oficio. Por eso se enseña en todas partes, y por eso casi todo el mundo que optimiza algo empieza por ahí.
Ahora un caso de los que se ven cada semana. Un test de titular, bien montado, dos semanas de muestra. La versión B gana con un veintitrés por ciento más de clics, estadísticamente significativo, y se pone en producción con la satisfacción de haber hecho las cosas como hay que hacerlas.
Las ventas del mes siguiente son las mismas.
No es un caso raro. Es lo normal, y la explicación no está en el test. El test estaba bien hecho. Lo que no estaba bien era el orden: era lo más fácil de probar, y por eso se probó primero.
Fíjate en por qué el test A/B es tan atractivo, y en por qué se enseña tanto. Se monta en una tarde. Da un número. El número tiene decimales y un intervalo de confianza, así que parece riguroso. Y aquí está lo importante: no te obliga a decidir nada. Eso que suena tan bien, «deja que los datos decidan», significa exactamente eso: que tú no decides. Es la única optimización que se puede hacer sin correr ningún riesgo, y eso es justo lo que la convierte en la más pequeña.
Porque piensa en lo que un titular puede mover. Puede cambiar cuánta gente sigue leyendo. No puede cambiar lo que esa gente creía al llegar, ni contra qué está comparando tu precio, ni si ya confiaba en ti antes de abrir la página. Un titular trabaja sobre los que ya estaban a punto. Si el resto no está en su sitio, el titular perfecto mejora un veintitrés por ciento el número de gente que llega a no comprar.
Ahora piensa en lo que no se probó ese mes.
No se probó subir el precio un quince por ciento, que habría movido el margen desde el primer día y habría demostrado, con dinero, si la comparación que hacen tus compradores tiene margen o no. No se probó dedicar el mes a acumular prueba: cinco casos escritos, tres clientes que dijeran en voz alta qué les cambió. Eso no mejora una página; mejora lo que cualquier página futura puede afirmar. No se probó quitar de la oferta todo lo que no sostiene el resultado principal, que es lo que hace que un titular tenga algo claro que decir.
Ninguna de esas tres cosas se puede montar en una tarde, y ninguna da un número con decimales. Todas exigen una decisión antes del resultado. Por eso quedan para después, y el después no llega, porque hay otro test que hacer.
El test A/B no está mal. Está mal como primer movimiento. Es la palanca más pequeña del negocio, y se usa la primera porque es la única que no pesa.
Debajo tienes las cinco palancas juntas, ordenadas por lo que pueden mover, y dónde va casi todo el esfuerzo.
Algo que puedes hacer esta semana
Coge lo último que optimizaste. Un titular, un botón, el orden de los bloques, el asunto de un email. Da igual cuál.
Al lado, escribe en una línea qué podía mover como máximo si salía perfecto. Sé honesto: normalmente es «unos puntos en una métrica intermedia».
Y debajo, tres líneas más, una por cada una de estas:
Si hubiera subido el precio un quince por ciento, ¿qué habría pasado? Si hubiera dedicado ese tiempo a conseguir tres testimonios que digan qué les cambió, ¿qué podría afirmar ahora que no puedo? Si hubiera quitado de la oferta la mitad de las viñetas, ¿qué habría quedado en el centro?
No hace falta hacer ninguna de las tres todavía. Solo escribirlas al lado del test. Si al leerlas juntas te parece que cualquiera de las tres habría movido más que lo que hiciste, ya sabes cuál era la palanca.
Nos leemos en quince días.
Y si quieres saber cómo se usa cada una de esas palancas
Esta carta te enseña que hay palancas más grandes que el test, y cuáles son. Saber cómo subir el precio sin perder clientes, contra qué te están comparando de verdad, qué resultado carga con tu oferta o cómo se acumula prueba que pese, es otro trabajo.
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